
Verte. Un baño de almíbar renovará las manos del labrador que cosechará ilusiones y prenderán sonrisas.
El sol salpicará apenas unos brotes de fascinación, lograrás idolatrarte rápidamente frente a mí. Para ello basta poco. Lo presiento.
El deseo silencioso e imprudente empieza por querer escucharte apoyar tus pies en mis suelos. Caminar hacia mi; entonces allí veremos cuántos labradores más soportan la labor continua del alma.
Amenaza el corazón con otra tormenta. Adoro esa lluvia que humedece el ardor de las lágrimas. Pero tan resecas han quedado mis manos en la última tormenta que no soportaría el crujir del tejido, nuevamente, otra vez, multiplicación de lo que es mejor olvidar.
La resistencia se hace imposible. Dejo la piel en la mesa de luz y te pienso atravesando la puerta y olvidar… ahora si olvidar que alguna vez he sufrido, será con lo que mejor que me hayas conquistado.
25/04/2007 | 18:51 hs









