martes 7 de junio de 2011

Me gustas



Verte. Un baño de almíbar renovará las manos del labrador que cosechará ilusiones y prenderán sonrisas.

El sol salpicará apenas unos brotes de fascinación, lograrás idolatrarte rápidamente frente a mí. Para ello basta poco. Lo presiento.

La pronunciación. El ojo que late a la par de la presión, respondiendo a los latidos de un corazón que quiere desayunar en tu pecho.

El deseo silencioso e imprudente empieza por querer escucharte apoyar tus pies en mis suelos. Caminar hacia mi; entonces allí veremos cuántos labradores más soportan la labor continua del alma.

Amenaza el corazón con otra tormenta. Adoro esa lluvia que humedece el ardor de las lágrimas. Pero tan resecas han quedado mis manos en la última tormenta que no soportaría el crujir del tejido, nuevamente, otra vez, multiplicación de lo que es mejor olvidar.

La resistencia se hace imposible. Dejo la piel en la mesa de luz y te pienso atravesando la puerta y olvidar… ahora si olvidar que alguna vez he sufrido, será con lo que mejor que me hayas conquistado.

25/04/2007 | 18:51 hs

Lo que el tipo mira con los ojos enjuagados


Algunos prefieren morir de nostalgia y no permiten que los recuerdos llenen de vida la pantalla de los ojos y cada tanto volver a oler el viejo barrio.


Por esta calle vuelan perfumes

que empujan hojas

que corren con los niños.

Por estas veredas las raíces saludan el cielo

las viejas se acomodan los cancanes en la esquina

los viejos usan boinas

y los pibes juegan a la pelota.

Por este asfalto aún se ven algunos adoquines

con secretos de cabareteras y afiladores de cuchillos,

suelos sin suelas que pisan

y pisadas de pianolas gigantes.

Por este barrio se amasa el cartón celeste

con piscas de yuyos,

pan casero

y cartas escritas sobre papel con tintas bien líquidas.

Por aquí,

donde duermen las almohadas la siesta

andan rondando los recuerdos del tipo

que aplasta el ojo contra las sábanas arrugadas de la cara.

Antes de cada pestañazo,

un lagrimón que enjuaga la vista,

y de nuevo los adoquines, el perfume y el cartón celeste.

No soy yo, es mi lápiz


¿Cómo frenar mi lápiz si te hace feliz?


Primero culpé a la mano, de la mano pasé al brazo, caminé por el hombro y escupí la cabeza queriendo llegar al cerebro. El tipo estaba durmiendo y me dijo, mirá lo que tienen esos dedos entre abiertos, y allí estaba: flamante; parado con un esmoquin negro, moño a tono y peluquín teñido.

Apenas su piel de madera deja entrever un grueso cogote sosteniendo la mina (las minas que habrá tenido…)

Se movía sin freno sobre la piel blanca de una dama insulsa, rozaba los renglones de sus curvas y volvía con trazo firme. No hacía pavadas, no eran garabatos, no escribía párrafos extensos. Eran unas letras largas y completas que abarcaban desde el pecho hasta el vientre de aquella hoja. Fluía el amanecer de esa expresión y entonces, descubro que el tipo de esmoquin era mi lápiz.

En medio de la noche le escribí un “te amo”, en sociedad con mi compañía de actores: lápiz, mano, brazo, cuello y cerebro, festejaron sin parar hasta el brindis de las doce por hablar de los sentimientos con tanto acierto.

Cuando él llegó de jugar al fútbol, transpirado y cansado, agarró aquella mujer de papel que estaba tirada sobre la mesa y se le dibujó una sonrisa. Esta vez no fue mi lápiz, dije, nunca lo haría con tanta perfección, y si supiese hacerlo esperaría que salga de su compañía de actores, como la mejor ofrenda que pueda alguien haberme hecho.

01 febrero 2008

lunes 21 de marzo de 2011

Verona en Teatro Pan y Arte (2010)















El cuarto oscuro en Teatro El Piccolino (2009)










WORKimproGRESS en El Vesuvio (2009)





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